Aprender y fortalecerse ante las crisis, un valor que enseñamos en St. George’s British International School

La resiliencia cobra importancia en el proceso educativo porque está demostrado que, después de la familia, la escuela es un ambiente clave, fundamental para que los estudiantes adquieran las competencias necesarias para salir adelante gracias a su capacidad para sobreponerse a la adversidad.

Los estudios en resiliencia indican que aquellos alumnos que han generado un comportamiento resiliente, que han podido sobreponerse a esas experiencias negativas fortaleciéndose en el proceso, han contado con alguna persona: ya sea de la familia extensa, de la comunidad o de la escuela, con quien lograron establecer un vínculo positivo. Es aquí donde el papel de la escuela y, en particular, de los docentes adquiere todo su valor y revela su complejidad. Las escuelas como organizaciones y la educación en general son poderosas constructoras y fomentadoras de la resiliencia en los educandos. Dado que la institución escolar tiene la capacidad de construir y fomentar la resiliencia, hay muchas cosas que pueden ponerse en práctica con el fin de asegurar que ello ocurra para beneficio de los estudiantes y también de la educación.

¿Qué importancia tiene la resiliencia en el aprendizaje?

Para algunos investigadores, los siete factores que caracterizan la resiliencia son:

  1. La capacidad para observar y observarse a sí mismo simultáneamente, para hacerse preguntas difíciles y darse respuestas honestas.
  2. La capacidad para mantener distancia física y emocional con respecto a los problemas sin caer en el aislamiento.
  3. La capacidad para crear vínculos íntimos y fuertes con otras personas.
  4. La capacidad para la auto-regulación y la responsabilidad personal necesarios para lograr autonomía e independencia.
  5. El humor y creatividad, entendidos como capacidad para encontrar el lado divertido de una tragedia, y para crear orden, belleza y objetivos a partir del caos y del desorden. Generalmente son manifestación de que la adversidad ya ha sido superada.
  6. La capacidad para desearle a otros el mismo bien que se desea para sí mismo y comprometerse con valores específicos.
  7. La capacidad para darle sentido a la propia vida.

¿Cómo aplicar la resiliencia en el aula?

Las palmeras se doblan. Esta metáfora de las palmeras, que dejan pasar los fuertes vientos, se doblan y agachan su cabeza, pero se recobran y siguen creciendo después de las tormentas, robusteciendo así su tronco su resistencia, es utilizada, por autores de la materia como José Carlos Bermejo para hablar de la resiliencia. Es un tipo de respuesta general de fortaleza ante la crisis.

Un punto clave al hablar de los factores resilientes externos es el afecto, “la escuela construye resiliencia en los alumnos a través de crear un ambiente de relaciones personales afectivas (…) los adultos que trabajan en las escuelas deben buscar las fortalezas de cada alumno con la misma minuciosidad que suele emplear para detectar sus problemas, y hacérselas ver”, Nan Henderson, presidente de Resiliency in Action, una compañía editora y de capacitación de San Diego, California. Un colegio que genere relaciones de confianza puede favorecer la resiliencia en sus alumnos, aunque sólo sea un adulto que le trasmita la idea y la sensación de “tú me importas”, logrando que el alumno lo viva sin sus límites, carencias o dificultades sino desde sus fortalezas. En este sentido, el docente es una mediación central para la promoción de la resiliencia en los alumnos.

Fortaleza ante la crisis

Sabemos, por ejemplo, que bajo la aparente debilidad del que llora, suele esconderse la fortaleza de quien ama. O como diría el gran médico sir William Osler, “la herida que no encuentra su expresión en lágrimas puede causar que los órganos lloren”. Y eso es enfermar.

Las personas que logran superar con éxito situaciones traumáticas muy graves, tienen al menos, tres características principales:

  • La primera de ellas es que en el momento mismo del trauma y de la crisis, el resiliente ya piensa qué va a hacer cuando salga de ella. La presencia de una idea de futuro, de una expectativa de salida hace más soportable el dolor y se convierte en una parte fundamental del proceso de superación de la crisis.
  • La segunda es que el resiliente es capaz de formular una explicación, un relato de lo que le sucedió. Poder articular el conjunto de situaciones, imágenes, sentimientos y representaciones asociadas al trauma y a la crisis en una secuencia con sentido permite dar coherencia a los acontecimientos y, de esa forma, sus efectos son más soportables y susceptibles de ser enfrentados.
  • En tercer lugar, los resilientes han tenido vínculos especiales con una o varias personas que les han permitido fortalecer su autoestima y su confianza en las posibilidades para superar las situaciones de crisis. La confianza no significa evitar esfuerzos, sino fortalecer la capacidad para realizarlos.

¿Qué hacer para promover la resiliencia?

La resiliencia, vista como “la capacidad de recuperarse, sobreponerse y adaptarse con éxito frente a la adversidad, y desarrollar competencia social, académica y vocacional pese a estar expuesto a un estrés grave o simplemente a las tensiones inherentes al mundo de hoy” abre posibilidades de compresión para acompañar a los niños y jóvenes en sus conflictos vitales y los capacita para afrontar posibles adversidades de la vida. En este sentido, se necesitan más centros educativos, como St. George’s British International School, que construyan un aire general de solidaridad, así como relaciones benéficas entre los estudiantes, los maestros y las familias, como un factor social que promueva resiliencia en ellos.

24 / 03 / 21