Así preparamos a los niños en el colegio St. George’s English School Bilbao para que se enfrenten a los muchos desafíos que plantea el futuro

«El 65% de los niños que inician primaria hoy, acabarán iniciando sus vidas laborales en trabajos completamente nuevos que aún hoy en día todavía no existen».

Entonces, ¿cómo preparar a los niños para que se enfrenten a los muchos desafíos que plantea la tecnología? ¿Cómo fomentamos en ellos el emprendimiento y la capacidad de adaptación para que sepan desenvolverse en un mercado laboral que es un enigma? ¿Cómo formamos ciudadanos críticos, capaces de hacer frente a problemas como el cambio climático y comprometidos con la igualdad?

Los estudiantes que comienzan la escuela hoy en nuestro colegio St. George’s English School Bilbao terminarán su educación en un mundo radicalmente más interconectado, complejo, incierto y rápido. Todo apunta a que las próximas décadas estarán determinadas por grandes factores tales como:

  • Crecimiento tecnológico exponencial
  • Acelerar la automatización
  • Crecimiento de la población y urbanización
  • Crecimiento continuo de la clase media
  • El impacto social y ambiental del cambio climático
  • Fragilidad ecológica y pérdida de la biodiversidad
  • Equilibrio del poder radicalmente cambiante y controvertido en el mundo
  • Tensión política y agitación, cambio de contacto social

«Surgirán nuevas categorías de empleos, desplazando parcial o totalmente a otros», dice el Foro Económico Mundial en su informe de 2018, The Future of Jobs. «Los conjuntos de habilidades requeridos en las ocupaciones antiguas y nuevas cambiarán en la mayoría de las industrias y transformarán cómo y dónde trabaja la gente».

Por su parte, y para arrojar un ápice de optimismo la ingeniera Aspen Meineke explica en su ISTE19 TED Talk defiende que el papel de los maestros es ayudar a los estudiantes a encontrar su pasión o su chispa.

Parece evidente que la enseñanza de hoy no puede ignorar el contexto hipertecnológico que habitamos, pero ¿de qué manera es mejor aproximarse a este y otros retos a los que se enfrenta la educación? «La tecnología está en nuestra vida y ha llegado para quedarse, así que no se puede concebir el aula sin ella. Hablamos de la necesidad fundamental de aprender idiomas, pero quizás deberíamos asumir que las nuevas generaciones van a necesitar hablar un tercer idioma, el de la programación. Por ello es fundamental ya no solo que la tecnología llegue al aula, sino también a los docentes, que deben de estar preparados para transmitir a los niños este nuevo lenguaje del futuro», explica Helena Herrero, consejera delegada de HP y presidenta de la Fundación I+E, una asociación que representa el compromiso de algunas de las mayores multinacionales presentes en España con el desarrollo de inversiones y actividades de I+D+i. Por eso en St. George’s English School contamos con laboratorios para que los estudiantes comprendan de forma práctica la realidad del mundo; utilizando materiales e instrumentos científicos para fomentar los conocimientos STEM. Enseñar valores a nuestros alumnos es hoy en día más importante que nunca.

El mundo de mañana: más aptitud y actitud que conocimiento

Hace ya tres años, cuando la humanidad no imaginaba que más de la mitad de la población se vería obligada a quedarse confinada en sus hogares, la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) hablaba en su libro blanco, La educación importa, de la necesidad de adaptar los sistemas educativos y formativos «a un futuro cada vez más incierto y complejo».

Ese camino debe circular en paralelo al de las empresas, que demandan un talento cada vez mejor formado no tanto en materia de conocimientos como de aptitudes y actitudes. La capacidad de aprender se ha convertido en la principal habilidad para desenvolverse con éxito en escenarios económicos, sociales y laborales que se caracterizan por la velocidad del cambio y la gestión de la incertidumbre. Nuestros cerebros tienen que ser más plásticos que nunca para gestionar los conocimientos y las experiencias con flexibilidad y estar siempre dispuestos a innovar.

«La inteligencia es una unidad especialmente dinámica que cambia su estructura en función de las experiencias», asegura Céline Alvarez, autora del bestseller en Francia Las leyes naturales del niño. La autora defiende la importancia de nutrir adecuadamente la inteligencia del niño, que considera sumamente plástica. Para conseguirlo, hay que ofrecerle un entorno de calidad y olvidarse de la idea de que la genética determina su capacidad cognitiva. Porque, en realidad, ‘lo que somos viene determinado sobre todo por nuestro medio’: lo que comemos, lo que oímos, lo que experimentamos, lo que ejercitamos, lo que en definitiva nos rodea y hacemos que nos rodee. Por eso la elección de un colegio que se adapte al mundo cambiante es tan trascendental. Como educadores y padres, somos para los alumnos su mayor influencia y es nuestra responsabilidad enseñarles a ser personas con valores para que puedan crecer y ser adultos afectuosos, respetuosos y seguros de sí mismos.

Todo apunta a que los alumnos mejor preparados serán aquellos que adquieran en su infancia habilidades y actitudes como:

  • Flexibilidad, adaptabilidad y resiliencia, y aprendizaje continuo
  • Conciencia social y ambiental; respeto por el bien común
  • Habilidades para construir relaciones, comunicarse y colaborar más allá de las fronteras.
  • Competencia científica, matemática y técnica
  • Pensamiento crítico riguroso e independiente
  • Poderes de innovación, invención y creatividad
  • Comunicación, influencia y liderazgo

En un contexto cambiante como el actual, la formación continua nos ayuda a adaptarnos a una nueva sociedad, una nueva economía, un nuevo mundo y, sobre todo, un futuro distinto. En el St. George’s English School Bilbao educamos para que nuestros alumnos adquieran las más que probables destrezas fundamentales para el futuro.

La educación tiene la misión de formar a las personas en su integridad. Es un proceso de transformación que no se detiene el día en que se recibe el título, sino que continúa a lo largo de toda la vida.

Pongamos un ejemplo. Las ocupaciones relacionadas con las STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés), así como las funciones profesionales en gestión empresarial y de asuntos legales podrían crecer en más del 20% en la próxima década, según el estudio The future of work in Europe, realizado por la consultora McKinsey Global Institute.

Formarse en estos momentos presenta un plus para todos nosotros. Aquellos que con buena actitud, resiliencia, esfuerzo y paciencia sepan superar todas las adversidades para no despistarse de su objetivo, que es formarse y por lo tanto transformarse, marcarán un antes y un después. Si somos capaces de aprender, adaptarnos con flexibilidad, no sin esfuerzo y sin dolor, a esta situación, habremos desarrollado cierta inmunidad en un contexto cambiante, incluso aunque lo percibamos como demasiado disruptivo y volátil. Solo así sabremos construir nuevos relatos para todo lo nuevo que está surgiendo: una nueva sociedad, una nueva economía, un nuevo mundo y, sobre todo, un futuro distinto.

El reto es elegir entre creernos con la solución y la receta perfecta o seguir buscando. Las instituciones educativas, por vocación y casi por definición, debemos seguir buscando, y, por ende, transformándonos, porque no hay duda: si queremos transformar la educación, debemos comenzar por transformar a nuestros alumnos: proporcionarles experiencias positivas y enriquecedoras que les desarrollen como personas y saquen lo mejor de ellos, es la misión de nuestro colegio. Veamos el reto de educar para el futuro como un vector de impulso en este terreno hacia un mundo más sano en todos los sentidos.

22 / 02 / 21